jueves, 7 de junio de 2012

Matronatación: Una Actividad Saludable para los Bebés


Jugar en el agua, con los cuidados y condiciones necesarios, es la manera ideal de estimular el desarrollo del bebé y el vínculo con sus padres. En esta nota descubrirás los beneficios de la matronatación.


 




La matronatación es un aprendizaje que le permite al niño poner en acción  su cuerpo, su afecto y su inteligencia.  A la hora de estimularlo, el medio acuático es ideal para una edad en la que el bebé aún no puede sostenerse y se encuentra a gusto en brazos. Con el apoyo de sus papás, los juegos resultan sencillos y seguros, y son esenciales para que apenas unos meses más adelante pueda nadar solito.

Claro que, para que resulte cómoda y segura, la actividad en el agua requiere de varias condiciones de orden pedagógico, por ejemplo, personal docente especializado que garantice todos los beneficios psicológicos y físicos sin ningún riesgo. También habrá que considerar los requisitos higiénicos y sanitarios relacionados con las instalaciones en general, y especialmente con la piscina.


Armonía acuática

Muchos pediatras indican la matronatación para propiciar el entendimiento entre la mamá y su bebé a través de la estimulación que producen los juegos en el agua cálida. Suena lógico que estando relajada, la mamá amamante mejor, sobre todo, cuando el hambre “rabiosa” impide a los niños más ansiosos o muy exigentes alimentarse bien a pesar de su deseo. Con el sueño pasa algo semejante. En general los bebés muy vitales necesitan descargar energías con una rutina que sea algo más que estar en brazos o jugando en la cuna. También a los niños de 2 y 3 años, tan activos, a menudo les sobran energías aun concurriendo 3 o 4 horas al jardín de infantes.

 La potencia infantil es extraordinaria, y debe aprovecharse en el momento más oportuno del desarrollo. Por eso la matronatación es altamente recomendable.


A qué edad se puede comenzar?

 El primer requisito es que el cordón umbilical haya caído, y en el caso de los varoncitos a los que se les ha practicado la circuncisión, que ésta haya cicatrizado. También será necesario contar con la autorización del médico neonatólogo o pediatra; es él quien está al tanto de la historia clínica del niño, incluidos los antecedentes de la gestación.

 Cuanto más cerca del nacimiento se comience el contacto con el agua, más activos estarán los recuerdos acuáticos del bebé nadando plácidamente en la “piscina materna”. Al principio, mientras la mamá espera el alta obstétrica, el niño entra al agua con papá, quien de esta forma logra un contacto especial con su hijo. Y mamá, cerca, puede arrimar su rostro, besar, acariciar y cantar al bebé, a pesar de estar fuera de la pileta. Cuando ella ingresa, el hijito siente su corazón que late, con el viejo y conocido sonido que ya escuchaba dentro de su vientre, mientras nadaba en el líquido amniótico: ¡imagínense la intensidad de la experiencia!


 Sólo basta un cálido abrazo de mamá, un contacto estrecho, para que el bebé más inquieto se calme o el más tímido se atreva, desde el balcón de sus brazos, a intentar la conquista del mundo acuático.

Acostumbrar a los niños a la actividad y al juego es un modo útil y comprobado de aumentar sus reservas de inmunidad, para que, en adelante, puedan defenderse mejor de las agresiones del medio ambiente y de las infecciones.

Los bebés nadadores no olvidan nunca la asociación entre el juego, el bienestar y la alegría, ni el marco amoroso con que se iniciaron deportivamente.


¿Los bebés aprenden más rápido?

El control respiratorio debajo del agua es una habilidad vital que se adquiere fácilmente durante el primer mes de aprendizaje. En realidad, a través de la matronatación, el pequeño aprende en cada clase, y no olvida lo adquirido.

Esta enseñanza de cómo retener o soltar el aire bajo el agua se realiza muy suavemente, a través de seguras maniobras del docente especializado.

 Alrededor del mes y medio de haber comenzado las clases, el bebé ya es capaz de controlar perfectamente la respiración, y tenderá a flotar de inmediato al ser sumergido.  En ese momento, mamá y papá, junto con el pequeño, pueden organizar libremente y sin ningún peligro, juegos que incluyan inmersiones.  Mes a mes, aumentarán rápidamente las habilidades dentro y fuera del agua.

 La serenidad y el placer que experimentan favorecen el excelente control de su respiración; por eso es tan común verlos sonreír bajo el agua, algo bastante difícil para la mayoría de las personas que no nadan desde bebés.

 Es la hora de intentar la maravillosa experiencia de la matronatación.


Dra. Patricia Cirigliano
Directora de la Primera Escuela Argentina de Natación para Bebés

lunes, 14 de mayo de 2012

La Angustia del octavo mes

La Angustia del Octavo Mes: Quiero a Mi Mamá

Así cómo el bebé va desarrollando sus actividades y modificando sus conductas, su relación con los demás también tiene mutaciones. Una de las más repetidas es la llamada Angustia del Octavo Mes. Los extraños y hasta quienes no lo son le provocan temor y desasosiego, y su referente casi único vuelve a ser su mamá.

“Estamos asombrados: mi bebé ya dormía toda la noche pero ahora se despierta varias veces por noche llorando desesperadamente; estamos alarmados, ¿le dolerá algo?, ¿estará enfermo?”.

 “Nuestro bebé era muy simpático con todo el mundo: a todos hacía sonrisas y no tenía problemas en ir a upa con nadie: ahora sólo quiere estar conmigo y llora con las demás personas: ¿por qué?”.

Estos relatos de las mamás son habituales en las consultas de los médicos y, si se indaga acerca de la edad del bebé, se descubrirá que todos pasaron el quinto mes de vida. La mal llamada “angustia del octavo mes” o “angustia ante los extraños” es una etapa normal en la vida del bebé que se caracteriza por la ansiedad que siente la criatura, y a veces, inclusive terror, ante los desconocidos.

 “El nombre no es el adecuado, porque la angustia tanto puede aparecer en el octavo mes, como en el quinto o en el número catorce. En psicología madurativa se le da este nombre a lo que tiene que ver básicamente con el reconocimiento de lo propio y lo extraño”, explica Javier Tain, médico pediatra. La característica principal es el temor al abandono de la madre, por eso, el bebé está mucho más “pegote” de su mamá. “El extrañar a la madre es predominante en sus preferencias y bastante más atrás está el resto del grupo familiar”, dice Tain. Esto explica que, a veces, los “rechazados” por el bebé son los cariñosos abuelos, los tíos o la persona que te ayuda en tu casa, que no se explican este cambio abrupto del chiquito.

¿Qué pasa por la cabeza del bebé en estos momentos? Esta conducta extraña se explica porque él reconoce que su vida ha dependido hasta ese momento de su madre -o de su principal cuidador- que diariamente y casi con exclusividad se dedica a satisfacer sus necesidades básicas, en especial, la alimentación y el descanso. Por eso, al reconocerse distinto y separado de este ser que lo atiende en particular, surge la angustia al sentirse separado de él y, tal vez, se imagina librado a su propia suerte. De ahí, el otro nombre que adopta este cuadro de ansiedad sufrido por el bebé, “temor al abandono” (de ese ser que él necesita para sus necesidades básicas).
“Al mismo tiempo se reconoce lo extraño: por ejemplo, si un abuelo pasó una semana sin verlo, probablemente el nuevo encuentro sumirá al bebé en un estado de desasosiego o angustia, tal vez, acompañado de llanto o de rechazo del abuelo”, cuenta Tain. O si el bebé era muy sociable y sonreía a todo el mundo, de pronto, se convierte en un antipático que no sonríe a nadie y se comporta mal con el pediatra.
“Los miedos, las ansiedades, las depresiones son parte de la vida emotiva normal del niño (y del adulto) y es preciso aceptar y respetar estos sentimientos tratando de dar tiempo al niño para superarlos naturalmente; no para evitarlos sino para superarlos”, dice el pediatra Roberto Albani, en “Comprender a tu hijo”.

Muchas mamás atraviesan esta etapa con dudas y ansiedades, ya que el bebé, que ya había comenzado a establecer una rutina de comida y sueño, comienza a inquietarse fruto de esta ansiedad y altera la estabilidad que se había establecido en su cuidado.

Incluso muchas tienen que cambiar de planes para adecuarse a la realidad psicológica de su bebé. “Pensaba acompañar a mi marido a un viaje de trabajo y dejar a la nena, pero el pediatra lo desaconsejó. La opción era llevarla a ella”, cuenta Sofía Cuadra. La beba, de ocho meses, está atravesando esta etapa y se despierta muchas veces de noche, angustiada. “Inclusive hay chicos que lloran dormidos”, dice Tain. “Aunque, por supuesto, hay bebés que pasan por esta etapa sin que se note esta sintomatología. Es como la etapa de la adolescencia: hay quienes la sufren mucho y otros la pasan sin complicaciones”.


Hay muchas cosas que se pueden hacer para ayudar al bebé en esta etapa:

  • Cuando manifiesta esta angustia, no dejarlo llorar sin prestarle atención. Tampoco hay que dejarlo mucho tiempo solo o en una habitación oscura para enseñarle a vencer su miedo al abandono, ya que puede ser contraproducente, porque el bebé confirma su temor y puede volverse más aprensivo. Sí se puede dejarlo un momento y reaparecer enseguida, para que comience a comprender que la mamá no desaparece completamente cuando deja la habitación en que él se encuentra.
  • Si llora mientras duerme o se despierta a la mitad de la noche angustiado, no sacarlo de la cuna. Porque si con ese cuadro de angustia, se lo gratifica en demasía -por ejemplo, prendiendo la luz, jugando con él, o paseándolo-, comienza a aparecer el trastorno de sueño. En cambio, hay que acompañarlo tranquilizándolo, hablándole, tal vez, acariciándolo, pero dándole el mensaje de que todo está bien y de que tiene que dormirse otra vez, tranquilo.
  • Dejar al bebé que acompañe a la mamá.
  • Ayudarle a asimilar el concepto de permanencia de las cosas. El típico juego de esconder la cara detrás de una mano y aparecer después, puede divertir mucho al bebé y lo ayuda a asimilar el hecho de que las cosas y las personas no desaparecen, aunque no estén dentro de su campo visual.
  • Es bueno y tranquilizador explicar a familiares y amigos que el bebé está pasando por una etapa de “angustia” ante los extraños y que no tomen a mal si llora ante ellos. Las personas que el bebé no ve tan frecuentemente, para conquistarlo,  deberán acercársele lentamente, conversándole o jugando con él, mientras él permanece bien cerca de su mamá.
  • Si el bebé llora mucho cuando la mamá se va a trabajar o desaparece, en principio, hay que tratar de limitar lo más posible el tiempo que se permanece alejado de él, hasta que se convenza de que la mamá se va y vuelve.
  • Si a pesar de los esfuerzos por darle más confianza y contención en esta etapa el llanto y la angustia persisten exageradamente, la consulta con el pediatra es necesaria. También puede ser que la persona que lo cuide no sea la adecuada, que le falte atención y cariño cuando no está al cuidado de la mamá.
  • Si se tiene plena confianza en la persona con quien se lo ha dejado y no obstante el bebé llora al separarse de la mamá, es bueno comprobar -por ejemplo llamando por teléfono 10 minutos después que se despidió de él- si sigue angustiado. Lo más probable es que la angustia haya pasado.
  • Muchos bebés, especialmente los más grandes, comienzan a apegarse a un objeto de transición, una manta o un juguete, que los ayuda a superar esta angustia.      
 “Lo importante es no confirmar sus temores, tornándose desaprensivos con su llanto, o desapareciendo por largo tiempo”, explica el pediatra. Y hasta ir al baño puede desencadenar un drama familiar. Por eso, en esta etapa, muchas mamás dejan que sus bebés las acompañen al baño o dejan la puerta abierta mientras están en él, porque el bebé rompe a llorar desconsoladamente ante la puerta cerrada.

 “El bebé todavía no advierte que hay una habitación al lado: si la mamá desaparece de su campo visual, para él, desapareció y se concretó su temor al abandono”, dice Tain.

 Esta angustia comienza a atenuarse y luego a desaparecer al cabo de unos pocos meses -normalmente dura de dos a tres meses y puede llegar a seis- y sólo reaparece en ciertos momentos de crisis. “De una razonable solución a estos conflictos depende la adquisición de una buena capacidad para relacionarse, que influirá mucho en el establecimiento de relaciones significativas en el futuro y en la caracterización de la estructura de la personalidad del niño”, explica Albani en su libro.

 En este período, están contraindicadas las largas ausencias de los padres. La contención en esta etapa es fundamental, ya que se le reafirma al bebé que sus temores no se concretarán en los hechos, ayudando a que esta etapa pase pronto.


La formación de la personalidad

La “angustia del octavo mes” o “ansiedad por la separación de la madre” es, en realidad, una etapa en el camino hacia la adquisición de uno de los aspectos básicos de la personalidad, como es la constancia emotiva del objeto, es decir, la capacidad de representarse constantemente en la memoria una imagen mental de la madre.

Esto recién se logra hacia el tercer año de vida. Mientras en los primeros meses de vida -durante la “simbiosis”- la madre es el “objeto de amor” del lactante, que obtiene a través de ella la satisfacción de sus necesidades físicas y emotivas, ya hacia los seis meses el bebé advierte la separación que existe entre su “yo” y el “objeto”. Por eso, también aparece la angustia que produce el miedo de que ese objeto desaparezca.

“Luego, la capacidad de moverse autónomamente para explorar, hace olvidar momentáneamente de forma temporal el objeto”, explica el pediatra Roberto Albani en el libro “Comprender a tu hijo”. Entre los 15 a los 18 meses, vuelven los temores del bebé, pero esta vez, es el miedo a perder “el amor de la madre” y no la madre misma. El bebé tiene dificultad en unir las dos imágenes que tiene de su mamá, la de la madre buena (que lo quiere y lo atiende) y la de la madre mala (que pone límites y le dice “no”), lo que le crea sentimientos de amor y odio con respecto a ella y manifiesta una cierta agresividad más o menos latente. Sin embargo, hacia el tercer año de vida, “la fusión de las dos imágenes de la madre, “buena” y “mala”, ya se ha realizado en la mente del pequeño en condiciones óptimas”, explica Albani. Por eso, el pequeño puede permanecer tranquilo y realizar todas sus actividades en ausencia de sus padres.

“Durante esta ausencia es capaz de representarse constantemente en la memoria una imagen mental de la madre, de modo que su presencia ya no le es indispensable como antes. Esta imagen se vuelve tranquilizadora  por si misma y el niño puede continuar con sus juegos y actividades de modo satisfactorio aunque esté solo”, dice Albani. Pero las etapas anteriores son fundamentales para que se pueda establecer esta constancia del objeto, ya que se requiere que el niño haya experimentado: primero, la confianza básica adquirida a través de la satisfacción regular de las necesidades físicas y emotivas por parte de la madre (o del padre) durante la simbiosis y, segundo, la adquisición de la capacidad de ofrecerse una representación simbólica interna del objeto del amor, es decir  la madre, durante las fases sucesivas. “Obviamente, las diferencias de las dotes innatas de cada niño inciden más o menos favorablemente en este proceso”, explica Albani.
Esto explica que ya en el tercer año, se puede dejar a la criatura durante períodos cada vez más largos, incluso en condiciones en parte frustrantes o tensionantes para él, como puede ser el jardín de infantes. “Del resultado favorable de este proceso depende una conquista de importancia crucial en la vida del individuo: la capacidad de una relación de amor que se basa en el recíproco dar-tener, propia del niño en edad escolar y el adulto (ideal que raras veces se alcanza, ni aun en toda la vida)”, concluye el pediatra.

Nota publicada en www.materna.com.ar y supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp

jueves, 12 de abril de 2012

Aprender a Dormir


Desde el nacimiento y hasta el primer año de vida, el sueño ocupa la mayor parte de la vida del bebé. Sin embargo, no se nace sabiendo dormir: es misión de los padres forjar los hábitos y las rutinas para que los niños aprendan a hacerlo.

Durante nueve meses el bebé vivió en un microclima donde a los episodios de vigilia le sucedían naturalmente los del sueño, sin importar el lugar ni los horarios. Al nacer, la situación es otra y los padres son los encargados de ayudarlo a adquirir nuevos patrones de sueño. 

Pero, ¿cómo enseñarle a dormir a un recién nacido? No es tarea sencilla, se requiere de paciencia y perseverancia. El éxito depende sobre todo de la repetición de rutinas.  Hay niños que lo hacen de un tirón a partir del tercer o cuarto mes, mientras que otros son incapaces de mantener el sueño durante toda la noche y se despiertan dos, tres o cinco veces.

Ni bien nacen, los bebés duermen aproximadamente 16 horas diarias, en intervalos de 3 o 4 horas. Con esta periodicidad el niño se despierta con el fin de tomar el pecho y luego se vuelve a dormir. Sin embargo, mientras está despierto es bueno aprovechar para hablarle, mimarlo y jugar con él: así empieza a distinguir entre el sueño y la vigilia.

Al tercer o cuarto mes de vida los niños suelen empezar a cambiar su ritmo biológico. Van abandonando su ciclo de 3 o 4 horas de duración del sueño para adaptarse a intervalos más largos. No hay reglas fijas, a algunos les cuesta más que a otros. Este cambio se produce a medida que va madurando su sistema nervioso central, que es el que controla estas funciones.


El sueño nocturno y el sueño diurno

El primer aprendizaje consiste en diferenciar el sueño diurno del nocturno . Para ello hay que tratar de que el bebé permanezca en lugares muy diferentes entre sí en uno y otro momento. Lo normal será que de día duerma en su cochecito, con algo del ruido habitual de fondo. De noche, lo mejor es su cuna o moisés y el más absoluto silencio. La hora del baño a la tardecita o noche también puede ser un buen patrón para marcar el paso al sueño nocturno.

Es importante intentar que concilie el sueño en su cuna y solo , es decir: sin pasearlo en brazos. Una vez acostado, se le puede cantar y dejarlo para que se duerma. El bebé debe reconocer su cuna como el lugar para dormir. De esta manera cuando se despierte en la mitad de la noche, estará en el mismo lugar en donde se durmió.

Alrededor de los tres o cuatro meses , es común que el niño haga pausas nocturnas de 4 a 6 horas y vaya alargando sus períodos de sueño. Desde este momento la seguridad y firmeza de los padres comienza a ejercer un papel central en la educación de los hijos. A partir de esta edad es importante que el bebé asocie la hora de dormir a ciertos hábitos.

María, madre primeriza de Josefina, cuenta su experiencia: “A partir del tercer mes de Josefina, con mi marido todas las noches antes de acostarla, repetimos la misma rutina: primero la bañamos, luego le doy de mamar y por último ponemos alguna canción de cuna para favorecer el clima de sueño”, relata. Cada familia debe encontrar sus horarios: habrá que decidir a qué hora se acuesta el pequeño y qué elementos lo acompañarán durante la noche. Si la rutina se mantiene el niño se dormirá tranquilo; si no es así, tampoco hay que desesperarse ya que hasta el primer año de vida el bebé está aprendiendo a dormir.


Las Claves del Sueño

  • Antes de acostarlo es preciso bajar el nivel de estímulos ambientales y si el bebé está muy estimulado, esperar unos 20 minutos antes de intentar hacerlo dormir.
  • Rutinas como un baño antes de acostarlo o un cambio de ropa, favorecen la asociación con el dormir. No se debe sobreabrigar al niño.
  • Procurar hacerlo dormir en su cuna.
  • Si despierta por la noche es importante identificar si tiene alguna necesidad sin satisfacer.
  • El lugar para dormir deberá estar libre de estímulos visuales y auditivos como móviles o adornos en exceso. El espacio debe ser oscuro, libre de ruidos y con temperatura ambiental de entre 16 y 20 grados.
Nota supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp.

www.materna.com.ar






sábado, 24 de marzo de 2012

La salud de mi bebé: ¿cómo saber si mi hijo oye bien?

¿Oirá bien mi bebé? Con frecuencia, los padres se preguntan si sus recién nacidos oirán correctamente. Para confirmar o descartar cualquier inquietud existe un examen sencillo que determina el nivel auditivo de los recién nacidos. Es importante realizar el estudio durante los primeros 8 meses de vida ya que es clave para evitar cualquier retraso en su desarrollo. En este artículo te proponemos los pasos para saber cómo cuidar la salud auditiva de nuestros hijos.
En el caso de contar con una pérdida auditiva, se debería colocarle un audífono para que la vía auditiva pueda ser estimulada y se desarrollen las actividades neuronales dentro de los períodos críticos.
¿A partir de qué momento comienza a escuchar el bebé?
Recordemos que el bebé comienza a escuchar cuando aún está en el vientre materno. La cóclea se forma y funciona a partir de las 20 semanas de gestación (Gordon y Harrison, 2005). En el caso de que el bebé tenga una pérdida auditiva, el sistema auditivo puede haber estado suprimido o afectado en un bebé desde ese momento, lo cual es un tiempo muy valioso que, sumado a la demora que pueda tener en el diagnóstico e intervención, afectará su desarrollo.


  ¿Por qué es importante la detección temprana de los problemas auditivos?
La información auditiva que llega al cerebro del bebé es crítica para el posterior desarrollo de la audición, habla y del lenguaje. Por lo tanto, la detección temprana del problema auditivo evita problemas futuros en nuestros hijos que pueda generar la falta de audición. Un desarrollo tardío en la audición llevará a un retraso en el lenguaje. Los niños a los que se les detecta el problema a tiempo y con la ayuda auditiva correcta (audífono o implante coclear) logran un desarrollo normal del lenguaje y de su relacionamiento.


  ¿Qué es un implante coclear?
El implante coclear es la colocación quirúrgica de una prótesis que estimula el nervio auditivo con el fin de generar una sensación sonora. Una parte del implante (electrodos actuando sobre la vía auditiva) será alojado en forma permanente en la cóclea y otra parte (el procesador) será colocado detrás de la oreja (como un audífono retroauricular). Este último es el que informa a la parte implantada y procesa las señales externas.


¿Cada cuánto tengo que revisar la audición de mi bebé?
Para un buen control de la salud auditiva es recomendable una revisión anual. Si hay diagnóstico de pérdida auditiva, los controles serán pautados por el profesional actuante. Pero en líneas generales, -exista pérdida auditiva o no-, se recomienda un control anual, sobre todo en la infancia. Esto también es tenido en cuenta en colegios y escuelas quienes piden un control auditivo antes de comenzar el año escolar. Las audiometrías están reconocidas por las obras sociales, así como también su tratamiento y prótesis.


¿Qué dice la ley N° 25.415 y por qué es importante que yo la conozca?

Recientemente entró en vigencia la Ley Nº 25.415 sobre el "Programa Nacional de Detección Temprana y Atención de la Hipoacusia" reglamentada por el Poder Ejecutivo, que establece la obligatoriedad y gratuidad para realizar en todo recién nacido exámenes auditivos, a los fines de detectar un déficit en la audición y potenciar la intervención oportuna. GAES Centro Auditivos adhirió a la Ley y lanzó en agosto de este año la campaña “Prevención e Inclusión Social de los niños” y puso a todos sus profesionales a disposición de los pacientes, padres y familiares, con el fin de brindar asesoramiento gratuito sobre este tema y responder a todas las consultas relacionadas con la salud auditiva de sus hijos.

  En Argentina, esta patología afecta entre 700 y 2100 niños al año en el país, el 86,6 por ciento de ellos tiene dificultad auditiva y un 13,4 sordera; puede producirse por causas hereditarias, congénitas, adquiridas desde el nacimiento o desarrollarse durante la vida.

Según datos actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) la incidencia de la hipoacusia se cifra en 5 de cada mil recién nacidos. En los casos de hipoacusia moderada a profundas, las cifras oscilan entre 1 y 3 por mil y en las hipoacusias severas a profundas los valores se sitúan aproximadamente en 1 de cada mil recién nacidos.

Fabiana Troncoso,
Fonoaudióloga, M.N.5305
Gaes Centros Auditivos
www.gaesargentina.com.a
Artículo publicado en  www.materna.com.ar sin imágenes

martes, 28 de febrero de 2012

Los problemas de una niñez frente a la TV

Sentados ante el televisor desde pequeños, los niños se exponen a diferentes problemas en su salud física e intelectual.
Muchos niños pasan sus primeros años sentados pasivamente frente a la TV. Los padres los exponen desde los primeros meses de vida a la pantalla, ya sea para que consuman contenidos supuestamente educativos, o para que se entretengan mientras los adultos se ocupan de otras cosas. Numerosas investigaciones han tratado de determinar qué efectos tiene la relación entre niñez y televisión, con el eje puesto en el desarrollo del lenguaje y las habilidades sociales, la salud física, la capacidad para imaginar y disfrutar del juego no estructurado, la interacción con los padres y el crecimiento intelectual. Nuevas conclusiones y nuevos ejes de debate se abren sobre estos temas a partir de los estudios más recientes.

La salud física siempre aparece como una de las áreas más perjudicadas por el exceso de tiempo frente a la tele. Dedicar más de ocho horas semanales a la televisión es uno de los factores de riesgo más importantes en el desarrollo de la obesidad, junto con el mal descanso y el sedentarismo y por encima de la alimentación, fue una de las conclusiones del X Congreso de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo).
En cuanto al lenguaje, se intenta determinar qué influencia tiene la TV en su desarrollo, especialmente en el uso de palabrotas por parte de niños pequeños. Un estudio estadounidense trata de establecer la correlación entre los programas con lenguaje soez y el uso que los niños puedan hacer de estas palabras. Relevando a un grupo de adolescentes de sectores marginados del oeste medio de los Estados Unidos, se les preguntó por los programas que veían, los videojuegos que utilizaban y el tipo de lenguaje y actitudes agresivas que manifestaban. El estudio no es concluyente respecto de la relación causa-efecto entre consumos y actitudes, pero sí permite ver alguna correlación. Es decir, no se puede determinar si los niños dicen palabrotas porque las oyen en los programas que miran, así como aprenden otras prácticas, como la violencia, o si son los niños más propensos a estas actitudes los que eligen programas con estas características. Sí se puede afirmar, sostienen los investigadores, que es importante lo que se ve en televisión, porque de eso se aprende. En cuanto al lenguaje, la autora Sarah M. Coyne, profesora asistente de la Universidad de Brigham Young, realizadora del estudio, explicó: “Como sociedad, la irreverencia es algo con lo que nos hemos relajado bastante. Nos hemos vuelto insensibles a ella. (…) Importa que lo escuchen, y los padres quizás deban tener un poco más de cuidado respecto a la exposición a vulgaridades en los medios de comunicación”.
Los padres tienen que rever su conducta también respecto de los contenidos educativos. Otras investigaciones han probado que aquellos programas que se autopublicitan como formativos, no son adecuados para niños menores de dos años. La Academia Americana de Pediatría explica que los chicos tan pequeños no se benefician de la programación o juegos educativos, porque no están preparados cognitivamente para comprender lo que están viendo. A su edad, es más favorable el juego desestructurado y la interacción con personas. También hay que evitar, sostienen, la exposición a la televisión de segunda mano, es decir, a que el aparato esté encendido todo el tiempo en el hogar aunque nadie esté mirando, porque resulta una interferencia, tanto para los niños que están jugando como para los adultos en su comunicación con los pequeños.
Fuentes:
“Vulgaridad en TV crea niños mal hablados“, por Randy Rotinga. Univisión Salud, 17-10-11.
“Desaconsejan que los menores de 2 años miren TV y videos”, por Fabiola Czubaj. La Nación, 19-10-11.
“Asocian uso de lenguaje soez en TV con agresividad infantil“, por Amy Norton. Público.es, 20-10-11.
“Bebés sin TV“. Semana.com, 22-10-11

miércoles, 8 de febrero de 2012

Crianza con apego

El término "Apego" describe el proceso afectivo que se produce inmediatamente después del nacimiento, entre madre e hijo.

Este vínculo es favorecido por las actitudes de cuidado, el contacto piel a piel, las miradas mutuas, las palabras que la madre dirige a su bebé de una manera tierna y las caricias que se dan durante el amamantamiento. Este acercamiento afectivo intenso durante los primeros días de vida del bebé, construyen la base para lograr la sensación de seguridad que los pequeños necesitan para un desarrollo saludable.

La teoría del apego, elaborada por John Bowlby en 1969, sostiene la necesidad de  mantener a los niños en cercanía física de sus padres, describiendo a su manifestación como cualquier forma de comportamiento que hace que una persona alcance o conserve proximidad con respecto a otro individuo.

En el caso de la relación madre e hijo, la interacción del bebé con el ambiente y en especial con la madre posibilitan dicha conducta.
El apego se comienza a sentir durante los primeros días o minutos después del nacimiento para la mayoría de las mujeres, pero es frecuente también que esta sensación de amor incondicional no aparezca de manera instantánea, sino que se construye en el día a día.
La crianza basada en este concepto, alimenta entonces la necesidad de que
los bebés crezcan en cercanía de sus padres, especialmente su mamá.

Bowlby plantea que el apego se va dando a través de una serie de conductas que derivan en el vínculo madre e hijo. Todo se manifiesta mientras el niño reconoce a su madre, registra que es ella quien satisface sus necesidades, lo mira tiernamente, lo acompaña gran parte del día, lo sostiene, lo arrulla, sintiendo de esta manera a su vez, seguridad, confianza y amor.
Está comprobado que las madres que pasan más tiempo con sus hijos, que juegan más con ellos, que tocan más su piel, que les sonríen más, que les hablan más y que les miran a los ojos, desarrollan en ellos un apego más seguro, saludable y de mejor calidad.

En resumen, el apego consiste en el vínculo afectivo, estable y consistente entre un niño y su madre, como resultado de la relación entre ambos. Si este vínculo o apego es el adecuado, el niño alcanzará seguridad en sí mismo, facilitada por los logros alcanzados en sus primeras experiencias de vida, que le ayudará para más tarde poder enfrentar las variadas situaciones de su vida.

Para favorecer este vínculo se sugiere: tener cercanía y contacto físico con el bebé, acariciarlo, sostenerlo, cantarle, arrullarlo cuando llora, mirarlo a los ojos con dulzura cuando se le habla.
Desde esta base de seguridad, niños y niñas exploran la realidad de una manera más  autónoma, pero siempre con la garantía de que podrán encontrar ayuda y respaldo en sus padres o en las personas que los criaron.

Existe hoy en día una tendencia a ligar el apego sólo con la modalidad de que el bebé duerma en la cama de los padres, cuando se trata de una teoría mucho más amplia y más rica. En líneas generales no se trata de dormir con los pequeños para el logro del apego sino de una cercanía afectiva, de disponibilidad emocional de parte de los padres de alojar a su pequeño en el entramado parental, de brindarle un tiempo de exclusividad y construir el estilo de crianza ajustado a sus características más propias, jerarquizando cada vez el cuidado, el respeto por la singularidad del pequeño, la facilitación de la construcción de recursos  propios para la vida.

En relación al “
upa” y allí las madres reciben sugerencias de todo tipo que apuntan a que el pequeño no se acostumbre a ello, podemos decir que es sumamente necesario sostener al bebé en los brazos, ya que en ello recrea la agradable sensación que logró 9 meses en la panza de su mamá, un ambiente natural óptimo en el que obtenía siempre todo lo que necesitaba.

Estar en sus brazos es lo más cercano a esta experiencia: el calor materno, su cadencia, su ritmo cardíaco, su voz…
lo acompañaron durante todo el embarazo y recuperar parte de esas sensaciones hacen del mundo un ambiente menos hostil, filtro de estímulos difíciles de procesar base para sentirse seguro y desde allí animarse a ir por más… 
 Lic Marisa Russomando
Psicóloga especialista en Maternidad y Crianza
Directora de La cigüeña
Artículo publicado en www.materna.com.ar